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Una persona entra cojeando a una consulta de acupuntura. Le duele mucho
el tobillo, ni siquiera se le puede tocar. Es un dolor que ya dura semanas
y no se deja influenciar por calmantes ni ningún otro tratamiento.
Como es habitual en las lesiones traumáticas, el enfermo sale muy
aliviado; vuelve contento a la segunda sesión a pesar de que el
dolor persiste. Ya puede apoyar el pie en el suelo. Se confirma la sospecha
que ya se intuía por las características del dolor -candente,
constante, extremadamente sensible al tacto, refractario a los fármacos
y que ha empeorado en las semanas de evolución-, los cambios de
coloración de la piel y el sudor localizado: es el síndrome
de la distrófia simpático refleja.
Aunque en los últimos años se ve con frecuencia, no es
una afección nueva, sino que es considerado el mismo mal que se
encuentra descrito en el s. XIX sobre las heridas de guerra.
Primero se le denominó "dolor candente", después
causalgia (si bien ésta suele afectar a la planta del pie y la
palma de la mano). También es difícil distinguir la DSR
de la enfermedad de Sudeck, que también consiste en cambios óseos
y musculares, pero que afecta sobre todo a mujeres de edad, y del síndrome
de Steinbrocker (rigidez gradual y debilidad del hombro y de la mano),
o del más frecuente síndrome hombro-mano, (dolor y rigidez
en el hombro y el brazo después de un ataque al corazón).
También recibía el nombre de distrofia postraumática
menor o mayor, distrofia neurovascular refleja, algoneurodistrofia. Por
todo esto, en 1994 se consiguió agrupar todas estas neuropatías
en dos apartados:
1)los dolores neuropáticos crónicos dependientes del simpático,
como la distrofia simpático refleja todavía bajo otro nombre:
síndrome del dolor regional complejo tipo I.
2)mientras que el tipo II agrupa los dolores regionales independientes
del sistema simpático.
Las primeras descripciones del dolor candente fueron en la retaguardia
de los campos de batalla del s. XIX; se relacionaba con los impactos de
proyectil de gran velocidad, balas o metralla, que dejaban un dolor intenso
que persistía una vez curadas las heridas.
Es una neuropatía del sistema nervioso autónomo, en la que
el sistema simpático enviaría al cerebro señales
erróneas, provocando alteraciones del flujo sanguíneo que
acaba afectando los nervios, la piel, los músculos, los vasos sanguíneos
y los huesos. Es como si la reacción del cuerpo a una situación
de emergencia se hubiese detenido en la primera fase, en la que los vasos
de la piel se contraen, minimizando así los riesgos de hemorragia
y desviando la sangre hacia los músculos con el fin de provocar
la reacción adecuada: huida o contraataque. Es una especie de ataque
de pánico localizado, reacción que normalmente no va más
allá de unos pocos minutos, pero que en el caso de la distrofia
el nervio simpático continúa activo y ocasiona, a la larga,
una atrofia de la piel y espasmos de los vasos sanguíneos.
La distrofia simpático refleja suele presentarse cerca de una lesión
traumática, que puede ser una herida, una luxación, una
fractura, una intervención quirúrgica, a veces una herida
casi imperceptible -una astilla en el dedo-, a veces ni siquiera se tiene
memoria de que haya habido trauma alguno. Sea como fuere, la intensidad
del dolor y la impotencia funcional son siempre desproporcionados a la
importancia de la lesión.
Las mujeres suelen acusar este mal más que no los hambre. Acostumbra
a presentar-se entre los 40 y los 60 años, si bien se está
extendiendo y afecta también a jóvenes y adolescentes.
Aunque puede afectar cualquier parte del cuerpo, lo más frecuente
es que se localice en el pie o en la mano. Durante los primeros meses,
la piel puede estar caliente o fría al tacto, roja, brillante;
el vello y las uñas crecen con rapidez, la parte afecta puede transpirar
o mostrar actividad pilomotora (carne de gallina). Más tarde, aumenta
el dolor en cualquier movimiento; la piel es hipersensible, fría
y azulada, o a veces a clapas; las uñas se rompen y el juego de
la articulación es muy limitado. A pesar de que con el tiempo el
dolor puede disminuir, el mal continúa haciendo estragos: la piel
está tensa y seca, los músculos se atrofian, los huesos
se ablandan y la articulación se vuelve rígida.
Además del dolor, los enfermos tienen especial dificultad en el
momento de iniciar el movimiento, dificultad que aumenta después
del bloqueo simpático (que se cree debida a la desaparición
de la rigidez muscular). A veces, cuando hay poco dolor, esta dificultad
de empezar el movimiento puede ser el síntoma más notorio.
A veces hay una sensación de estiramiento interno, quizás
debido a un aumento del tono muscular.
Los signos más característicos de esta distrofia son el
rápido crecimiento de las uñas y una hinchazón muy
delimitada en la superficie de la piel.
Es un mal que no se deja objetivar; no hay ninguna prueba de laboratorio
que lo detecte: los rayos X, el electromiograma y el TAC pueden ser normales.
El registro de los cambios de temperatura, termograma, tampoco dan datos
definitivos. EL diagnostico debe hacerse sobre todo por los síntomas
y los signos clínicos, lo que hace que los enfermos deban a menudo
peregrinar de médico a médico hasta que sea la propia evolución
del mal la que traiga el diagnóstico. La importante incapacidad
funcional en ausencia de lesiones objetivas hace que muchas veces estos
enfermos sean etiquetados de emocionales, de enfermos imaginarios. Dado
que la tecnología médica no detecta ninguna lesión
que justifique la intensidad del dolor, queda abierta la posibilidad de
que su dolor no sea real, que sea inventado, que puede ser a su vez, ahora
sí, el origen de una intensa reacción emocional.
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A menudo el dolor permanece dos años o más, provocando cambios
irreversibles en los huesos y en los músculos -a veces permanece
para siempre. Puede extenderse a toda la extremidad o presentarse en la
otra simétricamente. También puede presentarse en otra parte
del cuerpo, relacionada siempre con un trauma previo.
El diagnóstico precoz es la condición para un tratamiento
con éxito. Su objetivo es conseguir una evolución tan favorable
como sea posible, hecho que estará en función de que el
tratamiento sea tan adecuado como eficaz.
Hay que apuntar que, a veces, el mal evoluciona solo hacia la curación.
Como ha sido dicho anteriormente, la medicina china suele conseguir des
de la primera sesión un notable alivio de la sensación dolorosa,
que llega incluso a desaparecer, y encamina el mal, de una forma lenta
pero manifiesta, hacia la recuperación de la función.
Otra ventaja de la acupuntura es que evita tratamientos más agresivos
como los vasodilatadores, los betabloqueantes y, ante todo, la cortisona,
inadecuada en tanto que no se trata de una inflamación y porque
aumenta la osteoporosis. La infiltración local de un anestésico
no acostumbra a suprimir el dolor y complica todavía más
la recuperación. La interrupción quirúrgica o química
del sistema nervioso simpático afectado -simpatectomia- puede eliminar
el dolor pero también otras funciones, de modo que no es nada aconsejable.
Aparte del traumatismo, generalmente leve, se ha descrito también
la distrofia simpático refleja cuando hay presión sobre
un nervio, infección, cáncer, trastornos de la columna cervical,
infarto cerebral, ataque al corazón (isquemias). Se está
discutiendo si es de origen central o periférico.
La irreductibilidad de las lesiones y el hecho de que una vez superadas
puedan aparecer en otras partes del cuerpo abren la cuestión de
si se trata de una neuropatía periférica o de un trastorno
de sistema nervioso central.
El Instituto Nacional de Trastornos neurológicos y Apoplejía
(NINDS - National Institute of Neurological Disorders and Stroke), parte
de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) están investigando
nuevos tratamientos con la aplicación de las más modernas
tecnologías. Mientras tanto, la medicina más antigua del
planeta ofrece un tratamiento que suele demostrar su eficacia inmediatamente
después de la primera aplicación.
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