OSTEOPOROSIS

Nuestros huesos no son estáticos, sino que son un tejido vivo que, como el resto del organismo, está en un intercambio continuo con el entorno; esto es, que el hueso está continuamente destruyéndose y regenerándose. La osteoporosis consiste en la pérdida de tejido óseo, una disminución de las denominadas trabéculas óseas, con la consiguiente debilidad de ese tejido que queda reducido en densidad. Pero el que queda es normal, químicamente indistinguible del hueso sano.

Durante el crecimiento, los huesos se vuelven más densos a medida que van depositándose los minerales. La máxima densidad de la columna vertebral es entre los 25-30 años y la de los huesos largos entre los 35-40. A partir de los 45 años la mayor parte de los huesos del cuerpo empiezan a perder densidad, de manera que a los 70-80 años se ha perdido de un 30 a un 50% de la masa total.

La osteoporosis es consecuencia de una pérdida de vitalidad. Cuando una extremidad queda inmovilizada se descalcifica, como cuando la gente mayor se queda en cama, aunque sólo sea una semana, y ya empieza a perder calcio de todos los huesos.También puede ser secundaria a alteraciones hormonales, como pasa en la menopausia. De hecho, es cuatro veces más frecuente en la mujer que en el hombre. Parece ser que los estrógenos retienen el calcio en el cuerpo de manera que cuando sus niveles en sangre caen, puede aparecer osteoporosis en las personas susceptibles. Las personas corpulentas tienen menos riesgo de padecer descalcificación que las delgadas, dado que las personas con huesos más grandes tienen más calcio para perder.

Tienen más riesgo de padecer osteoporosis:

- Las mujeres que tienen una menopausia precoz, porque pasan más tiempo de su vida sin estrógenos, así como las que tenían períodos infrecuentes, debido a la poca función de los ovarios.
- Las mujeres a las que se les han extirpado los ovarios, ya que después de la menopausia los ovarios continúan produciendo pequeñas cantidades de hormonas.
- Es frecuente en enfermedades como el hipertiroidismo, la insuficiencia renal, la leucemia y procesos cancerosos; en las carencias alimentarias, en el alcoholismo y en enfermedades de los intestinos (que pueden interferir en la absorción del calcio, como la enfermedad de Crohn o en la colitis ulcerosa), el síndrome de Cushing y la artritis reumatoide.
- También hay medicamentos que favorecen la pérdida de calcio, como la cortisona, los diuréticos tomados largo tiempo (como por ejemplo en el tratamiento de la hipertensión) y las hormonas tiroideas.

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