OPINIÓN
Martes, 3 de junio de 1997
"LA MEDICINA CIENTÍFICA TAMBIÉN FUE ALTERNATIVA"
Arturo San Agustín
Es hombre más libre que otros. Y conocedor de varias medicinas. Hijo de médico, supo de la acupuntura antes de que ésta fuera moda. También vivió las realidades de aquellos manicomios cerrados y las culturas amazónicas que hablan otras medicinas. En la Real Academia de Medicina de Cataluña presenta hoy la obra póstuma de un médico lúcido. Josef Gazola, que nació en el siglo XVII; una obra de reflexiones titulada EL MUNDO ENGAÑADO POR LOS FALSOS MEDICOS.

¿Quién fue el doctor Josef Gazola?

-Fue un médico veronés, precursor de la ilustración, que vivió a finales del siglo XVII y principio del XVIII, que estuvo tres años en Madrid y que, cuando acabó Medicina, no le dejaron ejercer.

¿Por malo?

-No, por bueno. Porque entonces sólo podían ejercer los galenos, es decir, aquéllos que creían que la sangre no circulaba. Gazola, mediante otros compañeros y muchos recursos presentados ante los tribunales de justicia, logró que finalmente le dejaran ejercer. Lo cual nos demuestra que hubo un tiempo en el que la medicina científica era medicina alternativa. Esa es una de las originalidades de este libro.

Por eso tuvo tanto éxito?

-Seguro. Se publicaron 24 ediciones en el siglo XVIII.

Naturalmente, lo publicó después de su muerte.

-Sí. Quería evitar polémicas. Su libro tiene tanto sentido común que es actualísimo. A través de sus páginas descubres un retrato certero de lo que está sucediendo hoy.

¿Cuándo descubrió usted al doctor Gazola?

-Hace 25 años. Fue leyendo un libro del siglo XIX, en el que figuraba una frase suya que se me quedó grabada.

¿Qué frase era ésa?

-"Es tal la ceguera, que cuanto más irracional es el remedio, cuanto más asqueroso el brebaje; cuanto más cruel la medicina, más se persuaden de que están siendo tratados con acierto. Entonces el médico malo, en vez de castigo recibe el mayor aplauso y premio"

Gazola dedicó su libro a los buenos médicos.

-Claro. La tesis de su libro es que el engaño nace de varias causas. Una de ellas es creer que los médicos saben más de lo que realmente saben, algo que era muy cierto en su época y sigue siéndolo en la nuestra. Otra causa es que algunos médicos han hecho creer a las personas que son incapaces de conocer su propio cuerpo.

¿Cuántas clases de médicos existen?

-Las de siempre: dos. Quiero decir, que existe el médico que ayuda a la naturaleza y el que intenta suplantarla.

La sangría era una especie de homicidio, dice el veronés.

-Sí. Cuando usted deja que la sangre sedimente, se forma sobre ella una capa, una costra, que los galenos contemporáneos de Gazola y predecesores creían que era como el pus, como la mala sangre. Si piensa que cada sangría significaba la extracción de medio litro de sangre y que, a veces, se practicaban tres o cuatro sangrías en un día, las muertes eran numerosas. Así murió George Washington, el primer presidente de EEUU.

Creo que todo empezó con un problema de amígdalas.

-Sí. El pobre Washington se despertó con las amígdalas inflamadas y el primer médico, le sacó dos litros de sangre y luego le dio un purgante de mercurio. Posteriormente siguió la rueda de médicos y las sangrías, hasta que, uno de los médicos se extrañó porque ya no tenía sangre. ¿Cómo iba a tenerla, si se la habían sacado toda?. Con las mujeres embarazadas se cometían tropelías semejantes.

¿Qué tropelías?

-Al quedar embarazadas se les interrumpía la regla, claro. Pues bien, aquellos personajes consideraban que, como no había regla, la sangre mala se les quedaba dentro y, naturalmente, había que sacarla. Y a eso se dedicaban cada mes. De modo que aquellas pobres mujeres llegaban al parto muy pálidas, muy guapas según la moda de la época, pero muy débiles. Y eso explica la cantidad de muertes que se producían en los partos.

Igual la mala fama de los partos viene de esas épocas.

-No lo dude. Viene de esa época. Parir se consideró peligroso por lo que sucedía en las clases acomodadas, ya que las gentes humildes, labradores, gitanos, etcétera parían con muchos menos problemas, y, desde luego, entre ellos se producían muchísimas menos muertes por parto. Felipe II perdió cinco mujeres de parto. Entre las sangrías y las infecciones que los médicos provocaban con las manos sucias, la mortandad en las clases acomodadas era espectacular.

Más vale estar sin médico, que no tenerlo bueno, dice el veronés.

-Verdad indiscutible. Piense que ningún remedio de su época es actualmente vigente.

¿Hay o había tantas medicinas como culturas?

-Sí. Cada cultura tiene su propia medicina. Nuestra cultura tiene una medicina muy especial, porque está influida por la Iglesia Católica. Me refiero a que la Iglesia desde el Renacimiento, se quedó con el espíritu y dejó el cuerpo a los médicos. No sólo les dejó el cuerpo, sino conceptos como la vocación. Los médicos también profesaban, se reunían en claustros, etcétera. Y, desde luego, también les dejó una manera dogmática de pensar.

Y usted, ¿qué médico es?

-Soy ecléctico. Estoy a favor de lo que va bien, porque cualquier medicina sectaria es una mala medicina.

¿Seguro que el libro de Gazola es actual?

-Actualísimo. Se trata no de opiniones o puntos de vista de alguien que vivió hace 300 años, sino de reflexiones de una persona sabia, cuya concepción del mundo resiste el paso del tiempo. Gazola sostiene que los médicos deben serlo por sus curas, y no por sus conjeturas.¿Eso sigue siendo actual?

Actualísimo.

-Este libro no es sólo para leerlo, sino para pensarlo.

¿Sabe usted dónde está la verdad?

-En lo obvio

Déjeme pensarlo.

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